Machinegun Babydoll nace de una forma de entender la ropa como archivo personal: piezas que cuentan de dónde vienes y hacia dónde apunta tu actitud. Este proyecto no persigue tendencias, sino coherencia entre lo que llevas y lo que eres.
Trayectoria del taller
Desde el primer encargo en un piso de Lavapiés hasta las sesiones con bandas de gira, cada etapa ha dejado una huella en la forma de entender la customización y el estilismo de autor.
Una cazadora de cuero encontrada por azar se convirtió en el primer encargo formal. El trabajo manual con tachuelas y pintura textil definió el método que aún uso hoy: partir de una prenda con historia y transformarla sin perder su esencia.
El salto del taller a la producción audiovisual llegó con un grupo de rock alternativo que necesitaba una imagen escénica coherente. Coordinar looks para cuatro músicos con presupuesto ajustado me enseñó a priorizar impacto visual sobre cantidad de piezas.
Abrí el espacio a sesiones prácticas donde cualquiera puede aprender a trabajar con parches, pintura textil y remaches. El taller se ha convertido en un punto de encuentro para personas que quieren alejarse del consumo rápido y construir un armario con criterio propio.
Un reportaje fotográfico con looks de glam rock y acabados artesanales dio visibilidad al trabajo fuera del circuito de conciertos. La sesión consolidó una línea de estilo que combina el negro, el rojo neón y la plata con texturas de cuero y lentejuelas.
El trabajo se ha centrado en músicos y creadores que buscan una identidad visual propia, lejos de las tendencias comerciales. Cada proceso arranca con una conversación sobre referencias y termina con un armario escénico pensado para durar y expresar.
Historia del proyecto
Machinegun Babydoll no nació en una pasarela ni en una tienda online. Nació entre cajas de ropa usada, agujas dobladas y la necesidad de vestir a músicos que no encontraban su imagen en las colecciones comerciales. Esta es la cronología de ese camino.
2016 · El primer encargo
Todo empezó con una chamarra de segunda mano comprada por veinte euros en el Rastro. El vocalista de una banda local quería algo que no existiera en las tiendas: una prenda con tachuelas colocadas a mano y pintura textil que contara algo de su grupo. El resultado circuló por el circuito de conciertos de Madrid y llegaron más peticiones.
2018 · El salto a la dirección de vestuario
Un director de fotografía vio mi trabajo en una sesión de fotos y me propuso vestir a una banda para su primer videoclip. El reto era claro: sin presupuesto para alquilar vestuario, había que transformar prendas de tiendas vintage en una estética cohesiva. Aprendí a trabajar con plazos cortos y a priorizar qué prendas necesitaban customización completa y cuáles solo un detalle.
2020 · El taller propio
La demanda de encargos personalizados superó lo que podía hacer en una mesa de cocina. Alquilé un pequeño local en el barrio de Lavapiés con dos máquinas de coser, una remalladora y una estantería llena de parches, cadenas y pinturas. Ahí empecé a documentar los procesos paso a paso, porque muchos clientes querían aprender a customizar sus propias prendas.
2022 · El archivo visual y las guías
Empecé a fotografiar cada prenda antes y después de la transformación, y a guardar muestras de cuero, lentejuelas y tejidos que encontraba en viajes. Ese archivo se convirtió en la base de las guías prácticas sobre ropa de segunda mano. El objetivo era claro: que alguien en cualquier ciudad pudiera replicar el proceso sin necesidad de un taller profesional.
2024 · Asesoría de imagen para artistas
Hoy el trabajo combina el taller con sesiones de asesoría para músicos y creadores que quieren definir una imagen propia. No se trata de imponer un look, sino de analizar referencias, paleta de color y texturas que ya resuenan con cada persona. El archivo de materiales y las guías siguen creciendo, alimentados por cada encargo y cada sesión de fotos.